Actividades culturales

Aventino, volvemos a la roma no vista

A mis alumnos, por las vigilias que nos han hecho disfrutar en Roma

Buenos días, ¿dispuestos a caminar? Bien, hoy nuestro recorrido no va a ser muy largo pero superinteresante; lo vamos a realizar por una parte de la colina del Aventino. Hay muchas interpretaciones del nombre Aventino: algunos consideran que viene de aves, las aves enviadas por Remo desde esta colina en la competición con su hermano Rómulo para decidir el lugar en el que surgiría Roma, otros de la palabra adventus, reunión, debida a las que se realizaban los plebeyos durante las celebraciones de Diana. Una antigua leyenda cuenta que el rey de Albalonga, Aventinus, fue enterrado allí después de haberle matado un rayo.

Durante la monarquía y la república el Aventino fue un barrio densamente poblado por la plebe de Roma. Aunque las antiguas murallas servianas incluyeron la colina en su interior, desde la época de Claudio se mantuvo fuera del pomerium, el área sagrada de la ciudad, tal vez por la presencia del Templo de Diana, sede de la Confederación latina. En 451 a. C. la plebe se refugió armada en el Aventino después de otro abuso del círculo de los decenviros, capitaneados por Apio Claudio, que había sido elegido para el proyecto de las Doce Tablas. La crisis política terminó con el suicido de Apio Claudio, la obtención de los derechos pretendidos y el regreso de la plebe a la ciudad. Fue asimismo el lugar de extrema resistencia de Cayo Graco y sus partidarios, y en época contemporánea, fueron llamados aventiniani los diputados italianos que en 1924 se negaron a regresar a la sala del Congreso para protestar por el asesinato de Matteoti.

En la antigüedad la colina tuvo una gran cantidad de templos: los del dios Mercurio, de Iuventas y de Diana; de Ceres, Liber y Libera, de Vertumnus, de Consus, de la Luna, de Júpiter Liber, de Libertas, de Flora y de Summanus. En el lugar donde se encuentra hoy la iglesia de Santa Prisca se cree que existía un edificio consagrado a Minerva, donde está hoy Santa Sabina, el templo de Juno Regina al que cada primavera subían en peregrinación las solteras romanas, y cerca de San Alejo el de Júpiter Dolichenus, cuyos restos arqueológicos, hallados en 1935, se encuentran en los Museos Capitolinos.

Convertido en la época entre la República y el Imperio en el lugar de residencias de lujo, en el Aventino surgieron las Termas de Suranas, las Decianas y las de Varo y Estilicón. Allí tuvieron casa Lucio Licinio Sura, constructor de estos balnearios y amigo de Trajano, el mismo emperador, los poetas Nevio y Ennio y el emperador Aulo Vitelio.

Por su lujo fue la zona de Roma que más sufrió el saqueo de los Godos de Alarico en 410 d. C. Después del saqueo el Aventino fue abandonado y se despobló hasta tal punto que  fue el lugar preferido por los monjes y religiosos como sede de cenobios o retiros en ermitas. En 537 fue el refugio del papa Silverio, acusado por Justiniano de conspirar con los Godos de Vitiges; en torno al año 1000 el emperador del Sacro Imperio Romano Otón III construyó su propia fortaleza, ya que se había establecido  en Roma en el desafortunado intento de aplicar la Renovatio imperii. Después de la época de los Otones, el castillo fue ocupado por la familia Savelli, entre los que se encontraba Cencio que fue elegido papa con el nombre de Honorio III; éste recibió, para aprobar sus ordenaciones, tanto a Domingo de Guzmán como a Francisco de Asís.

Aislado hasta finales del siglo XVIII el Aventino, se convirtió en un exclusivo barrio residencial donde lujosos edificios se mezclan con los edificios antiguos.

Después de situarnos en lo que ha sido y es el Aventino, vamos a ver cómo llegaremos. Una opción es ir caminando (se encuentra frente al Palatino) o tomar el metro hasta la estación de Circo Massimo (línea B).

Comenzamos nuestro recorrido de hoy, que no es muy largo, en la plaza de Ugo La Malfa, sobre la via del Circo Massimo, en ella se encuentra el monumento a Giuseppe Mazzini; subimos a la derecha de la plaza por una cuesta, via di Valle Murcia, donde se encuentra la Rosaleda Municipal, pasamos por el Clivo Publicii, que en 289 a. C. fue la primera calle pavimentada de Roma, después a la derecha está el Clivo Rocca Savelli, donde se supone estaba el templo de Ceres, Liber y Libera, erigido en 494 a. C. por el dictador Aulo Postumio.

Continuamos por via Santa Sabina, repitiendo el recorrido del vicus Armilustri, donde el ejército romano de vuelta de las campañas militares llevaba a cabo la purificación de las armas; vemos a la derecha el muro que delimita el Parque Savello, Jardín de los Naranjos, que perteneció al área del castillo, y restos de las torres y del puente elevadito, desde la terraza se disfruta de uno de los panoramas más bellos de Roma. Salimos del jardín y llegamos a la piazza Pietro d´Illiria y nos encontramos con la basílica de Santa Sabina.

San Pedro de Illiria fundó la iglesia y el convento de Santa Sabina en el año 425, durante el pontificado de Celestino I. La tradición cuenta que Sabina era una matrona de Avezzano que fue decapitada en el siglo tercero por haberse convertido al cristianismo por su esclava Serafia. El papa Sixto III (432-440) continuó las obras de construcción de la iglesia, que fue testigo del encarcelamiento del papa Silverio durante el periodo de Justiniano, de las luchas contra la herejía monofisita y, según la tradición, del comienzo de la procesión en contra de la plaga de 590, encabezada por el papa Gregorio Magno; durante la celebración apareció milagrosamente el arcángel Miguel  en lo alto del Mausoleo de Adriano, que para recordar el prodigio pasó a llamarse Castillo de Sant´Angelo. En el siglo XII Honorio III donó la iglesia a Domingo de Guzmán.

La parte lateral de la iglesia presenta un pórtico con arcos rematado por columnas y solapado por las ventanas de la nave lateral derecha. Las columnas originales del porche, de mármol negro, que se encuentran en los Museos Vaticanos, fueron sustituidas por la blancas actuales. Se entra a la iglesia por el vestíbulo, al fondo de éste se encuentra una estatua de Santa Rosa de Lima del siglo VXII. La entrada a la iglesia es por dos puertas de ciprés; la puerta mayor presenta 18 paneles en relieve que constituyen uno de los más importantes ejemplos de la escultura del siglo V, con una crucifixión que es la primera de la que se tiene noticia; cuando se restauró en 1836 alguien retocó el pasaje de Moisés huyendo de Egipto, dando al faraón el rostro de Napoleón. El interior es solemne y muy luminoso, de tres naves, divididas por veinticuatro columnas corintias acanaladas que sustentan arcos. Es de gran importancia el mosaico polícromo de la contrafachada: a los dos lados de la inscripción hay figuras femeninas, una sostiene el Antiguo Testamento y la otra el Nuevo Testamento. En la nave de la derecha, empotrada en la pared, hay una columna romana de las épocas más antiguas de la iglesia. En medio de la iglesia hay una losa funeraria de Muñoz de Zamora del siglo XVI, general de los dominicos, única en Roma por el retrato de mosaico. En el huerto del convento, Santo Domingo plantó un naranjo que trajo de España, que se considera el primero trasplantado en Italia; el actual, según la tradición, habría nacido milagrosamente sobre el otro. Podemos decir que los dominicos tienen dos de las iglesias más importantes de Roma, esta y santa Maria sopra Minerva.

Salimos de la iglesia y llegamos a la piazza di Sant´Alessio, donde surge la iglesia dedicada a los santos Bonifacio y Alessio; en la parte baja de la nave de la izquierda se encuentra el conjunto barroco de Sant´Alessio, asistido por los ángeles en el momento del fallecimiento, obra de madera y estuco de Bergondi; cuenta una leyenda del siglo V que Alessio era hijo de un patricio romano, partió como mendigante a Tierra Santa para evitar un matrimonio concertado por las familias y veinte años después regresa a Roma como mendigo, pero su familia no le reconoció; vivió como un mendigo debajo de la escalera de su casa familiar y sólo a punto de morir desveló al papa su identidad. La fachada de la iglesia, del XVIII, es obra de De Machis, a la derecha está el campanario del siglo XVIII, con cinco niveles. La iglesia tiene tres naves separadas por pilares decorados por parástades acanaladas y capiteles corintios; en el pavimento quedan restos de la decoración de estilo cosmati. En la nave de la derecha está la tumba de la princesa Eleonora Boncompagni Borghese (1695) obra de Fucigna. En el transepto derecho está la capilla construida por Carlos IV de España donde se encuentra un icono de la virgen del siglo XIII. La cripta, única románica en Roma, conserva las reliquias de Santo Tomás Becket y también hay una columna en la que se dice fue atado San Sebastián para el martirio.

Saliendo de la iglesia, retomamos via di Santa Sabina y llegamos a la piazza dei Cavalieri di Malta, delimitada por un lado por el muro de las propiedades de la orden y por muros decorados con tabernáculos y estelas con emblemas navales y religiosos; esta decoración urbana fue realizada por Giovanni Battista Piranesi entre 1764 y 1765. En la plaza está el portal de entrada al Priorato, en la que se encuentra el agujero de la cerradura desde el que se ve la cúpula de San Pedro: es la visión más sorprendente y más estética de la cúpula de Miguel Ángel.

Salimos por via San Anselmo, llegamos a piazza del Tempio di Diana para llegar a Santa Prisca.

La iglesia recuerda a la joven romana, hija de Aquila y Priscila, decapitada bajo el mandato del emperador Claudio en 41 a. C.; cuenta la tradición que en este lugar residieron San Pedro y San Pablo; éste, en su «Epístola a los Romanos» (16, 3-5), cuenta como en casa de Aquila existía una «ecclesia domestica», lugar de oración privada, típico en la época en que a los cristianos no se les permitía el culto en público; también se mencionan en «Los Hechos de los Apóstoles» (18,1-4). La iglesia fue titulus desde el siglo V. Tiene una fachada barroca, obra de Carlo Lombardi; el interior presenta tres naves, las antiguas columnas jónicas, que dividen las naves, están incorporadas en los pilares barrocos. En la capilla bautismal la fuente está sacada de un capitel de final del siglo II d. C. A pesar del contraste cronológico, según la tradición bautizó San Pedro a Prisca y a sus padres. El retablo tiene una pintura que representa a San Pedro bautizando a Santa Prisca de Passignano en 1600. En excavaciones se ha encontrado un santuario del siglo II, dedicado a Mitra, sobre el cual se edificó la iglesia actual.

Salimos y nos dirigimos a nuestro punto de partida, por via di Santa Prisca.

Para otro día, dejamos la parte del Aventino en donde se encuentra la Piramide di Caio Cestio, Porta San Paolo, San Saba o el Testaccio.

Terminado nuestro recorrido, yo iría, paseando, a comer o a cenar según el momento del día en que nos encontremos.

Tomamos en Porta Capena la via de San Gregorio Magno, pasamos el Colosseo y seguimos por la via dei Fori Imperiali a piazza Venezia; muy cerquita hay un restaurante rústico romano, La Taverna degli Amici, en piazza Margana 37.

Espero disfrutéis de la historia, del arte, del paisaje y de la gastronomía de este rincón de Roma.

Hasta la próxima.

 Gustavo Caso-López